jueves 11 de marzo de 2010

NuEvE

Amanece lluvioso, temperatura calmada, pequeña brisa que ladea cada gota de lluvia. Piso los charcos acompañando los movimientos de cuatro patas que corretean a mis pies, olfatea, se vuelve a acercar, me mira con esos ojos que parecen sonreír y le doy una galleta. Paseos de rutina diaria que siempre llevan consigo factores que los hacen diferentes. Mi otro compañero, el silencioso, el que ladra cuando quiere jugar y es un reloj casi perfecto en las costumbres. Abrazable al máximo, la bolita de once kilos que sostienes bajo el paraguas cuando los chaparrones son exagerados. Sacudidas para secarse, lametazos, saltimbanqui, instinto cazador irreprimible.

Lo dejamos estar, nos gusta disfrutar de sus trastadas y, mientras, lo pienso. Te quiero. Lancé un suspiro al aire mientras sentía tus dedos rozarme el cuello, con tanta delicadeza que hasta dolía pensar que hubo un tiempo en el que no lo hacían, cuando estaba perdida. Un mar marrón me lleva a la inmensidad del brillo de tus ojos, de los reflejos de recuerdos y pensamientos de futuro que pintamos con colores para que no se pierdan jamás en blanco y negro. Aunque adore las fotos en ese color, quedan bien, salimos guapos. Pero la realidad no, mejor que la paleta de colores aderece cada instante dándole vida, haciéndolo especial.

Retrato tu perfil. El bueno, pero es que no tienes lado malo... la patilla corre hacia abajo, fina, perfecta, ni de profesional. Me encanta el olor de tu cara tras el afeitado, y hasta cuando te regaño porque pinchas con la barba. Me agarro a tu mano como si en ello me fuera la vida. Me siento bien. El mundo se para y nos quedamos en el centro. En el centro de nuestro mundo, una burbuja que mantiene al margen cualquier preocupación. El primer plano de unos protagonistas que no fingirán para la gran pantalla historias por contar, ni pasadas. El primer plano de un sendero por recorrer, de asfalto, de hierba y charcos, de adoquines brillantes que dejan escapar arena.

Nueve... ni uno, ni dos, ni tres... son nueve. Para algunos demasiado tiempo, quizá, muchos días y un abanico de situaciones casi infinito, imposible de recordar desde los comienzos... En cada varilla lo más importante, como nos conocimos, el primer beso, la vergüenza, las risas, los chistes malos que te hacen reír a carcajadas mientras te miro con desconcierto... Cada tres-tres especial que me hace vaciar la cabeza de sensaciones, que las arranca de lo más profundo del corazón para que caigan en forma de palabras.

Las palabras más llenas de la historia. De nuestra historia. La que no ocupa libros, ni un lugar en la estantería del edificio frío de pasillos enormes... la historia que será interminable porque no deja de estar en construcción. Miro atrás con calma, rozo tus labios con mis dedos y te miro fijamente. Me gusta verme reflejada, de la forma en que me ves, más pura de lo que pienso, alegre, decidida y con el genio aplacado. Mi paño de lágrimas y cabreos, el confidente de mi alma, la que no descansa y hasta en sueños camina ligera al encuentro de la tuya.

El agua cae con fuerza. La noche tiende su mano y seguimos las costumbres, paseos tradicionales en los que nos cobijamos bajo el voladizo de una grande superficie mientras fumas un cigarro. El cachorro crece, lo que sentimos también. Se enredan los planes, los nudos se afianzan con empeño, esperando el momento perfecto para despegar riéndose del destino. El tejido perfecto, el que penderá sobre nuestras cabezas evadiendo cualquier temporal.

Siempre digo que me haces sentir princesa, de esas de cuento, pero me niego a que seas azul, me gusta el colorido que destellas... igual que cada palabra que compartimos, cada secreto y hasta los silencios entre tus brazos. Me siento bien, incluso cuando las cosas van mal, van bien... trasmites sosiego, compartimos la cordura que alguna vez nos faltó. Nos complementamos... Quizá seamos parte de ese ying y el yang del que hablan culturas asiáticas. No se, pero sin ti me desestabilizaría.

Nadie me avisó del grado de dependencia emocional que somos capaces de crearnos, de lo rápido que pasa el tiempo, de como vuela, de que hace falta saber planear, hemos aprendido, para superar las inclemencias, aunque sean diminutas... que me encanta ser idéntica a nuestro reflejo en un charco, mucho más nítido... Que me sigue costando una barbaridad decir los te quieros después de tanto tiempo. Los sigo vendiendo caros, pero te llevas el saco entero.

Nueve... para algunos una eternidad. Para mí simplemente es el comienzo.

TQ, nueve, diez o el múltiplo que haga falta.

1 comentarios:

Jonathan dijo...

Hala... me he metido en tu blog por curiosidad y... ¡zas! me he encontrado una gran plaga de escritos. Sinceramente, me encantan, escribes súper bien!! Y te comento aquí porque es el que más me gusta :P